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Conciencia Colectiva

Por: Joaquín Aguilar González*

Solía caminar por las calles, mientras reproducía aquella melodía melancólica, esa que provoca en mí muchas ganas de sentirme libre y a salvo, muchas veces solo quería sentarme a llorar para liberarme de esa impotencia de preocupación, un mundo agobiante lleno de odio y abandono, ver la gente correr de un lado a otro observado su teléfono celular a cada minuto, gritando al reloj que se detuviera, cuántas escenas en un par de cuadras recorridas.

            Siempre me detenía en la misma plaza, fumaba un par de cigarros, observa lo pequeño que parecía aquellos árboles a mitad de la nada, en aquella médula de la gran urbe, esas imágenes me producía odio por la humanidad, me preguntaba ¿Cómo podíamos ser tan desconsiderados? Al arrancar de la tierra hasta el más mínimo ser vivo, tan solo para poder tener un espacio gigantesco, para ser amo y dueño.  ¿Cómo es que el hombre se cree dueño de la tierra? Si ni siquiera es dueño de sí mismo.

¿Qué hay más allá? Lejos de este mundo azul gris.  ¿Qué hay más a dentro? Un cigarro más, y otro y otro y el tiempo sobre mí, el viento bajando por las copas de los árboles tratando de llevar hojas caídas a un lugar digno, no a este piso de asfalto caliente, coches ruidosos, niños sin voz pidiendo dinero para comer, madres sensatas observando a otras madres, parejas tomadas de la mano, sintiendo que lo pueden todo, y yo ahí a mitad de aquel sueño.  Después solo trataba de no pensar más, de no ser más infeliz.

-¿Me escuchas?
-Perdón ¿qué dijiste?
-Estoy leyendo lo que me indicaste.
-Pásame otro cigarro, estoy distraído.
-¿Pasa algo?

Le Pasé el cigarrillo, lo tomó con la mano derecha, se levantó de la banca donde estábamos y camino hacia la fuente, se quedó observando un par de minutos su reflejo en el agua, como si no pudiera reconocerse, el viento hacía volar las hojas de los árboles, las llevaba de un lado a otro por la plaza, el sonido producido era como una melodía y los árboles unos danzantes de seis metros, de repente sonrió al ver que el puñado de hojas secas caían sobre el agua, y flotaban de un lado a otro mientras su reflejo se iba desvaneciendo.

-Tenemos suerte –me dijo
-¿Suerte?
-No estamos solos como este par de árboles a mitad de la nada, me tienes a mí y te tengo a ti, mira ese árbol ¿no luce triste? –me señaló con su dedo el árbol más viejo, sus ramas estaban secas le quedaban un par de hojas verdes en lo más alto de su tronco.

Ese árbol terminará por secarse, y se quedará aquí solo, los demás árboles lo verán morir, no hay ni tierra en donde puedan caer sus ramas, nada que pueda amortiguar su golpe cuando ya no pueda seguir en pie.

            Puede haber seguido toda la tarde en aquella plaza viendo personas, viendo mis grandes pies al caminar, pero la desolación de aquella escena parecía ser contagiosa, podía sentir cómo la tristeza y la apatía rondaban por todos los rincones de la ciudad, y aunque la gente parecía feliz portando una buena etiqueta en sus prendas, o la mejor tecnología en su mano, podría jurar que eso no llenaba los huecos del alma, esos huecos que cuando uno llora se deforman, se inchan o se hacen más estrechos, pero realmente ¿qué le pasó? Por qué siguen pensando que podrán alimentar esos huecos y llenarlos con basura cósmica, con desechos y no con palabras.

-¿Por qué sigues leyendo eso?
-¿Cargaste este libro desde la biblioteca para que ahora me preguntes por qué sigo leyendo esto?
-Al parecer este pequeño libro trata de decirnos algo, ¿no crees? Mira sus páginas, son un pedazo de árbol, hay más aquí dentro de lo que puedas imaginar.  Me tienes a mí y te tengo a ti, pero mira a tu alrededor, ve toda esta gente que parece que camina sin rumbo, y sabes, por lo menos los dos sabemos de qué manera llenar los huecos.

 

*Joaquín Aguilar González (Tacámbaro, Michoacán, 1992). Soy estudiante de la Facultad de Letras de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, actualmente escribo para el periódico <<Tacamba>> de la ciudad de Tacámbaro.  En octubre de 2015 participé en el Encuentro Internacional de Escritores en Salvatierra, Guanajuato.  Desde hace varios años participo como tallerista en el Festival Viajeros, que tiene el fin de promover la lectura y la escritura en adultos y niños de comunidades rurales del municipio de Tacámbaro.
Bibliografía
Tacámbaro, Feria Intercultural del Libro de, y Antología Literaria. Raíces a una voz. Tacámbaro, Michoacán: Namox, 2016.

Feria Intercultural del Libro de Tacámbaro FILIT